Cuentos.

•Suicidio•

Empezando los días a las dos de la tarde como lo hace cotidianamente, odiándose por dormirse tarde y de igual manera levantándose, deseando finalizar con todo pero no, el no lo va a hacer tan sencillo quiere irse de una forma poco usual y extraña, quiere vivir las cosas temerosas y terminar ahí.
  Juntó las pocas cosas que iba a llevarse, actualizó su triste y extensa carta de despedida que día tras día desde ya hace un mes se la pasaba dejándola sobre su almohada. Esos pedazos de papeles que empezaban explicando su partida, su muerte. Aunque la mayoría de sus amigos y familiares cercanos ya sabían de qué iba lo que escribió, por más que intentaban detenerlo todo lo que ellos le decían a Damián le entraba por las orejas y se borraban automáticame.
  Aún así para los conocidos su manera de irse era en su totalidad imposible y, por lo tanto de encontraban aliviados.
  Hoy su carta se convirtió en un diario con ya 32 días y muchas páginas explicando sus experiencias fallidas.
  A las cuatro de la tarde volvió a partir, llegando al famoso cementerio de recoleta decidió que éste día se quedaría más tiempo. Se hacían las nueve de la noche y se despierta al lado de un par de tumbas, otra vez se durmió. Decidió ir a tomarse un taxi y se deseo suerte, vió uno con apariencia sombría, y aún así se subió a ése. Al hacerlo sintió el ambiente fresco, miró el espejo retrovisor y notó la chupada cara del conductor, luego giro la vista hacia el volante y vió sus manos esqueléticas, sintió escalofríos y como se le erizaba la piel, entonces lo supo. El taxi desapareció.
   Luego de esa noche nadie hablaba sin lamentos, ni se escuchó nada más de él. Aicalu.